Teresa Hamel, escritora de Reñaca. Por Piero Castagneto.

Pocos meses después de fallecida esta escritora de la Generacióndel 50, hoy poco recordada, aparecen publicadas de forma póstuma sus reminiscencias que llevan el elocuente título de "Reñaca".Tan sorprendente como su aparición es el contenido de este libro bellamente editado, que nos demuestra que este balneario aparentemente tan "joven" tiene un rico pasado campesino, hoy totalmente enterrado bajo la vorágine turística playera.

Durante una fiesta de disfraces. "Teruca" Hamel está a la izquierda, junto a sus amigos Pablo Neruda y Matilde Urrutia.
Por Piero Castagneto. Reproducciones fotográficas de Manuel Lema O.
Una escritora bastante poco recordada, perteneciente a la generación del 50, falleció calladamente el 18 de marzo de 2005: Teresa Hamel. Meses después su nombre reaparece, debido a la edición póstuma de su libro de reminiscencias titulado significativamente"Reñaca" (Bravo y Allende Editores), que además es reveladora en varios sentidos.Decimos que es significativo por la importancia que esta localidad tuvo en su experiencia familiar y vital, pero también es importante para el público lector de nuestra zona. Con el soporte de una bella edición, reforzada por interesantes fotografías, estos recuerdos no sólo son memorias literarias, sino que, más que eso, son un aporte a la historia local de Viña del Mar y esa Reñaca que en el último tiempo ha adquirido arrestos de independencia. Evocaciones que son de indudable ayuda para reconstituir un pasado que aún no se ha escrito por tratarse de localidades jóvenes,y acaso, por juzgarse aún demasiado reciente, aunque en realidad ya no lo sea tanto. Buen ejemplo de su prosa son estos chispazos de una jornada de paseo en Reñaca, que evidencian un estilo literario dinámico y de ritmo inquieto:"Re = agua, ñaca = pozo. En la playa mansa reposa la braveza de la espuma efervescente... Ya se empina encaramándose en caracol con su aliento salino enrollador, la recoge... Huye para tornar confiada a jugar con las burbujas, las pulgas saltarinas, el brinco del reflujo o el canto agonizante de la marea madurando en la orilla. Mientras me careo con el sol, me creo marinista.Me aguardan las anémonas con su chisguete mortal. Penetro en las olas con mi yegua tordilla que respira a pleno viento por sus ollares; se espanta con el desgranarse del círculo o con el retroceder de las jaibas. Las gaviotas graznan alegres y liberadas, nada las asusta; las golondrinas de mar corretean los insectos y estallan los piñones en la hoguera nocturna, mientras danzan las llamaradas cuando se les arroja aguardiente porque la luna grandota y amenazante parece pronta a tragarnos. Dan ganas de bailar en su homenaje". Nacida en 1918, se la adscribe comúnmente a la generación literaria llamada del 50, la misma que cuenta entre los suyos a escritores como José Donoso, Jorge Edwards y Enrique Lafourcade; en lo personal,sus amistades incluían a Ricardo Latcham, Rubén Azócar, Marta Jara y Pablo Neruda. Teresa ("Teruca") Hamel escribió no pocos libros: más de once títulos, sin incluir esta obra póstuma, en su mayoría volúmenes de cuentos ("Gente sencilla", 1951, "Dadme el derecho a existir", 1984, etc.), además de una novela, "Leticiade Combarbalá" (1988), y obras de otros géneros.Ahora bien, el por qué no sea una autora que esté en la mente del público, o las razones por las que no haya sido reeditada, acaso sólo se expliquen por los caprichosos vaivenes de la memoria colectiva. Y así como hay autores en un tiempo célebres que después caen en el olvido, hay otros que, después de un período de estar arrinconados, vuelven a ponerse de moda, incluso después de muertos. Sin aventurar un juicio literario, tal vez esto último sea lo que suceda en un futuro con Teresa Hamel, y es posible que esta edición póstuma contribuya a tal recuperación. Privilegiada y rebelde su caso es arquetípico de la persona que nace en cuna de oro,lo cual le significa ventajas y desventajas a la vez; en su caso,ella intentó inteligentemente sacar el máximo provecho posible de las primeras y minimizar las segundas. Ya desde antes de nacer,por su familia y apellido, estaba destinada a tener una íntima vinculación con esta zona, ya que su padre, Gastón Hamel D' Acunhade Souza (1885-1953), por lo general conocido más abreviadamente como Gastón Hamel de Souza, era un industrial del rubro químicos y combustibles de ascendencia francesa que prosperó en Valparaíso y Viña del Mar. No sólo eso. De militancia política radical, también fue alcalde de esta última ciudad entre 1923-24 y nuevamente entre 1927-29,en una época de gran interés por las obras de adelanto que experimentó esta ciudad. Por lo tanto, anticipamos, este personaje merece tratamiento aparte. Volvió a la Alcaldía entre 1943 y 1944, y este último año fue designado intendente de la provincia de Valparaíso.Volviendo a su hija, "Teruca" desde niña debió arreglárselas por sí sola para superarse y aprender en una época en que la mujer estaba educada en la sumisión y la ignorancia era tan bienvista como la belleza: "A pesar del derroche de millones, nunca tuve un 'Tesoro de la Juventud' ni libro ni diccionario que nos abriera la mollera: nada debía perturbar nuestra inocencia. Esose pagaría caro".Ese precio tan oneroso fue una formación forzosamente autodidacta,al no tener oportunidad de seguir estudios superiores("¡cuánto tiempo perdido!"), pero ya se ha dicho, su sensibilidad no tardó en encontrar su cauce en las letras. Este rasgo atípico en lasmuchachas de su época estaba acompañado de una rebeldía que se manifestó desde su niñez ("divorciada", respondía, cuando lep reguntaban qué quería ser cuando grande), y que en su vida adulta la llevó a adoptar posturas políticas de izquierda, al parecer sin perder nunca un cierto candor que se advierte entre las líneas de sus escritos.La Reñaca rural La Reñaca de antaño era un paisaje agreste, que formaba parte de la hacienda de Viña del Mar antes de que ésta fuese objeto de sucesivas subdivisiones y urbanizaciones. Hasta el siglo XX era a lo más un paraje de paseo de excursionistas, que la recorríanpor lo general a caballo, y en agosto de 1891, durante la campañafinal de la Guerra Civil, presenció los tensos desplazamientos de tropas entre las batallas de Concón y Placilla; tres décadas más tarde, comenzaría la relación del padre de Teresa Hamel coneste lugar.En 1921 don Gastón se hizo accionista de la Sociedad BalnearioM ontemar, constituida el año anterior y destinada a urbanizar Reñaca, y adquirió parcelas de terreno donde después mandaría a construir la casa quinta donde pasó sus últimos años. Eso sí,el avance del nuevo suburbio viñamarino fue lento, hasta el punto que sólo podemos considerarla consolidada en su rol de balneario preferentemente estival, a partir de la década de 1960.Preciso es fijar estos marcos temporales, ya que no hay que leer los recuerdos de esta literata buscando datos o fechas precisas;en cambio, lo que abundan son recreaciones de épocas, atmósferas y sensaciones que produce el entorno reñaquino.De estos párrafos surge una faz sorprendente, incluso insólita, del que hoy es conocido como un balneario veraniego, playero y asociado a sectores acomodados. Esto es válido para las generaciones de décadas recientes, porque la Reñaca que le tocó conocer a esta escritora ofrecía un panorama totalmente contrastante, de playa, sí, pero playa aún sin domesticar, como expresaba en el pasaje arriba citado, y sobre todo, campestre. Algo de la más honda esencia del mundo rural chileno estaba presente,acompañado de una vegetación mucho más abundante, en las colinas hoy urbanizadas y, por supuesto, con su gente arquetípica. Este es el caso representativo de don Pablo Navarro, administrador de la hacienda de Reñaca rescatado del olvido por "Teruca" en éstas y otras líneas: "Era un hombre inmenso, afable, generoso,con una estatura de cacique y un don de caballero digno de ser imitado. Un carácter manso, analfabeto, de prodigiosa memoria,limpio, justo, cordial. Educado, trabajador, celoso de su condición de capataz, tolerante con la peonada que lo amaba a mil leguas a la redonda y donde su nombre se conocía y se veneraba por todos los campos de la provincia".Nostalgias aparecen también otros personajes, como el aristocrático y bonachón Emiliano Figueroa, presidente de la República por breves períodos,primero en 1910 y después en 1925, o Federico "Perico" Vergara,el viajero nieto del fundador de Viña del Mar, José Francisco Vergara, de quien le impresionaba su atractivo ya siendo niña.Este último, además, fue otro de los primeros vecinos de Reñaca,al igual que el británico Andrés Scott, a cargo de la Sociedad Balneario de Montemar.Pero una constante que atraviesa el libro es el retornar, una y otra vez, a las evocaciones campesinas, como las pintorescas cacerías de zorros o "zorreaduras", o la descripción aguda y brutal de las riñas de gallos. Al referirse a la casona familiar,la Quinta Hamel, recinto que ocupa "The Mackay School" desde 1963, se detiene en la vegetación ya desaparecida.Incluso al hablar de su amistad con Neruda y con su mujer, Matilde Urrutia, el recuerdo del poeta da paso a otra evocación campestre,a propósito de relatos que tanto le gustaba escuchar a aquelde labios de "Teruca", como esta descripción de los preparativos para un rodeo al pie del Torquemada:"Esta fiesta se preparaba con antelación. Se llevaba aloja de culén, cola de mono, barriles de vino tinto y blanco, corderos para asar al palo, igual que novillos, sacos de papas, quesos.Y todo adentro de innumerables carretas con varias yuntas de bueyes manejadas por un peón picador, quien iba vestido con ojotas,saco harinero sobre el arremangado pantalón, a veces el torso descubierto, una faja roja a la cintura, un clavo para picar a los bueyes, a los que también les adornaban el yugo entre los cachos con claveles y albahaca. Los organilleros subían a pie con sus catitas y papelillos de la suerte. Todo resultaba muy pintoresco y chileno".

Publicado el día 10 de Diciembre de 2005.