Teresa Hamel, artista vital
Reinaldo E. Marchant
Teresa Hamel no sólo legó creaciones de alta calidad, sino además fue una constante promotora cultural del país. Dejó huellas imborrables en las casas de Neruda, en agrupaciones culturales, en la Sociedad de Escritores de Chile, en diversas universidades... Teresa Hamel, a quien Pablo Neruda llamaba la “ola marina”, es una narradora destacada en las letras chilenas. Toda su vida está cruzada por circunstancias favorables que le permitieron una formación artística excepcional, rodeada por grandes figuras del arte nacional e internacional, entre ellos el gran poeta que fuera Pablo Neruda, de cuya amistad disfrutó con lealtad inquebrantable hasta el día de su muerte, durante los oscuros sucesos de 1973 en Chile. En 1951 Teresa Hamel se incorpora a la Sociedad de Escritores de Chile, había publicado con gran éxito su libro “El contramaestre”. Benjamín Subercaseaux pronunció en esa ocasión un discurso de bienvenida para Pablo Neruda que venía llegando del destierro. Fue un hermoso discurso pleno de sabiduría humanista que impresionó mucho a nuestra escritora y que sembró en ambos una amistad perpetua. Entre sus amigos se contaron Ricardo Latcham, Amando Casigoli, Ester Matte, Fernando Alegría, Matilde Urrutia y un largo etcétera que más adelante detallaremos. El grupo acudía de forma regular al Nuria, donde Latcham leyó sus cuentos y se entusiasmó con su calidad de inmediato, tomando el relato “El forastero de sí mismo”, para incluirlo en la Antología del Cuento Latinoamericano, publicado por Zigzag 1958. También la motivó a seguir escribiendo y fue quien más la alentó en su carrera literaria.Teresa Hamel fue también muy amiga de Margarita Aguirre, quien la presentó al mundo de los escritores llevándola, por ejemplo, donde Alejandro Jodorosky y Enrique Lihn, quienes habían montado un teatro en un viejo molino abandonado, y establecieron una espontánea relación con la destacada escritora. En 1985 gana el certamen internacional de cuentos, Julio Cortázar, obteniendo el primer premio con su cuento “Dadme el derecho a existir”.Teresa Hamel, novelista y cuentista, realizó estudios en Francia, Estados Unidos y Chile. En la Sorbona siguió estudios de literatura francesa. Obtuvo importantes premios literarios en Chile y el exterior. Viajó por Europa y toda América. Publicó en los principales medios de comunicación de su época. Los grandes críticos de la época como Daniel de la Vega, Claudio del Solar, Angel Cruchaga, Luis Durand, Andrés Sabella, Virginia Vidal, la llenaron de elogios, unos comprándola con María Luisa Bombal, otros destacando su fantasía, surrealismo, gran sensibilidad, energía de sus sueños y alegría creadora.Es autora de valiosos libros, donde destacan: El contramaestre, de 1951 Raquel devastada, 1954 Gente sencilla, 1958 La noche del rebelde, 1969 Verano austral, 1979 Las causas ocultas, 1980 Dadme el derecho de existir, 1985 Leticia de Combarbalá, 1988 Las cien ventanas, 1992 Reñaca. Reminiscencia. 2005La escritora Teresa Hamel formó parte de una maravillosa generación de poetas, soñadores e intelectuales que ella misma recuerda con sentida emoción a través de este libro “Reñaca. Reminiscencia”, su maravilloso libro póstumo que recientemente presentamos en el Café Literario, con José Miguel Varas y Volodia Teiteimboim. Fue parte importante con grandes personajes de la historia literaria de Chile. Su calidad literaria le significó mantener una estrecha relación con Pablo Neruda, Rubén Azocar, Armando Rubio, Isabel Velasco, Manuel Rojas, Francisco Coloane, Camilo More, Nemesio Antúnez, Miguel Serrano, Fernando Alegría, Braulio Arenas, Jorge Edwards, Mariano Latorre, Efraín Barquero, Poli Délano, Walter Garib, Gabriela Mistral, a quien conoció en Estados Unidos, Luis Alberto Mansilla, y otro largo etcétera imposible de enumerar.Para la muerte de Neruda, fue Teresa Hamel quien acompañó a Matilde Urrutia en su lecho de agonía en la clínica Santa María, ayudó a depositar el cuerpo del poeta en el propio ataúd: en este hermoso texto, “Reñaca. Reminiscencia”, aparece junto a Matilde y Francisco Coloane mirando de frente el féretro que contenía los resto de nuestro Premio Nobel.Teresa Hamel no sólo legó creaciones de alta calidad, sino además fue una constante promotora cultural del país. Dejó huellas imborrables en las casas de Neruda, en agrupaciones culturales, en la Sociedad de Escritores de Chile, en diversas universidades. En cada lugar donde participó, lo hacía activamente leyendo sus narraciones, involucrándose en discusiones por mejorar los estímulos culturales, intercediendo ante las autoridades por el valor de los libros, la creación y el desarrollo espiritual de la nación. Cuando la Sociedad de Escritores adquirió su actual propiedad, fue ella la encargada de comprar los muebles con un precario prepuesto. Sobre aquello decía: “ elegí muebles de estilo por ser estos de menor precio que los modernos, además de presentar la garantía de no pasar de moda”. Teruca tenía razón: todos esos muebles se mantienen casi intactos, incluido uno personal, donado por ella, que según su gran amiga Isabel Velasco utilizó para aprender a leer y realizar sus primeras tareas y creaciones, y que hoy utilizamos en cada presentación de libro, o recital poético en la Casa del Escritor. De forma permanente se recuerda su calidad literaria y también su conducta ejemplar humana, solidaria. Teresa Hamel ayudó y defendió a mucha gente durante la dictadura, arriesgando su vida y la de su familia. Un hecho singular en ella dice relación con la preocupación que vivían escritores en situación crítica, sea económica o política. Nunca separó su talento, su alegría, de la realidad por los demás. Teruca, que amaba los secretos de las flores, de los árboles y la Naturaleza, a quien nada le era indiferente, supo abrir los brazos para acompañar las angustias y sueños de los literatos y artistas. Su vida fue una gran novela, un hermoso guión que debemos siempre evocar, donde los personajes históricos son de carne y huesos, la realidad es una constante, y el montaje de los materiales los escribía ella misma en una época que supo de gloria, alegría y tristeza. El cariño real por la cultura, por los escritores y artistas, no los abandonó nunca. Con la mesura, en el silencio y respeto con que tomaba sus decisiones, no se alejó de este mundo sin olvidar el futuro de la Sociedad de Escritores, institución a la que donó un importante terreno en Reñaca, ¿para qué?, para destinarlo a la cultura, al desarrollo de las artes y la imaginación, y que hoy los Directores de nuestra Institución agradecemos de forma pública y con profunda gratitud a ella, sus hijos y amigos entrañables.Teresa Hamel falleció en Santiago el 18 de marzo del presente año. “Reñaca. Reminiscencia” es su libro número doce. Es un extraordinario texto póstumo, que recuerda pasajes importantes de su maravillosa vida y de una época dorada. Fue Pablo Neruda quien definió de manera exacta a esta mujer talentosa, generosa, indispensable. Dijo Neruda de ella: “Se puede perder todo en la vida, menos un dedo de Teresa Hamel”.Si me permiten emular a nuestro gigantesco vate, hoy podríamos decir: los escritores de Chile le deben el homenaje permanente del recuerdo a Teresa Hamel.